La meditación silenciosa conduce al encuentro con uno mismo. Pablo D’Ors

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En el abarrotado mercado de los gurús se podría decir que Pablo d’Ors se ha erigido en una suerte de coach espititual que arrasa con una propuesta tan sencilla como que “la meditación silenciosa conduce al encuentro con uno mismo”. Instalado en una envidiable serenidad, charlamos con él acerca de su nuevo libro, Entusiasmo, una novela atípica que retrata su propia biografía.

Te animo a que descubras la eternidad que se encierra en cada instante. Todo se juega en este sol, en este árbol, en esta conversación. Esto es exactamente la vida, éste es el mejor momento posible, no hay nada que añadir ni que quitar, es perfecto. El secreto está en vivir plenamente lo que tengas entre manos”. Cierra los ojos y, durante unos segundos, parece sumirse en un arcano insondable. Y sí, sentada bajo la sombra de un esplendoroso magnolio en los jardines de Sabatini, frente a la fachada norte del Palacio Real de Madrid, esta apacible mañana de otoño adquiere, junto a Pablo d’Ors, una mayor densidad.

Porque este sacerdote, escritor y profeta, como se define a sí mismo “ya que me considero un hombre del silencio y de la palabra, con un mensaje que transmitir”, se ha convertido en una especie de coach espiritual desde que arrasara con su Biografía del silencio (Ed. Siruela), un librito repleto de frases sabias que invitan a la reflexión. Porque cuando asegura que “el alma humana sólo se alimenta si el ritmo de lo que se le brinda es pausado”, una se cuestiona si no padecerá cierta anemia. Y él, para tranquilizarme, me asegura que su propuesta para recuperar glóbulos rojos no es tan complicada: “Se trata de pararse, callar, escuchar y mirar. No te propongo una actitud de impasibilidad ante las cosas, porque el silencio es fecundo y creativo, quiero que descubras ese espacio en el que resuena lo que tú y el mundo sois de verdad. Pero si no lo cultivas, no te enterarás de nada y darás palos de ciego”.

HISTORIA DE DOS CAMINOS

Aunque su propuesta es rotunda, a él le costó tiempo descubrirla. “Comprender ésto, que para mí ha sido como un segundo nacimiento, porque en la vida hay que renacer cuantas más veces mejor, comenzó hace 13 años, recién cumplidos los 41. Todo surgió tras un fracaso personal. El camino de mi despertar arrancó cuando tuve que confrontarme con la realidad cruda y dura de mi vida en aquel momento. Pero con el paso del tiempo he comprendido que tiene que darse cierta insatisfacción para ponerse en marcha, porque cuando estamos instalados y contentos con nosotros mismos, nos cuesta movernos”.

 

“Después de 6 años como capellán en la Universidad Autónoma de Madrid, un buen día se me dice que abandone, se me expulsa de mi espacio de trabajo sin poder comprender por qué. ENTONCES, TUVE QUE REINVENTARME”

¿Le afectó la crisis de los 40 años?

Lo que sucedió es que me encontré con una situación difícil prácticamente en todos los ámbitos de mi vida: en el económico, en el profesional y en el vocacional. No te digo más que acababa de construirme una casa y como los acreedores me perseguían tuve que escapar, como si fuese un personaje de Dostoievski, y desaparecí una temporada en Italia para darles esquinazo. Además, después de seis años de trabajo como capellán en la Universidad Autónoma de Madrid, un buen día se me dice que abandone, se me expulsa de mi espacio de trabajo sin que yo pudiera comprender por qué. Entonces, tuve que reinventarme.

Y, ¿no se hundió?

En aquel momento de inflexión comprendí que existen dos caminos en la vida: uno, el de la suma, que es como había funcionado hasta entonces y, otro, el de la resta. Como cuento en la Biografía, estaba convencido de que cuantas más experiencias tuviera y cuanto más intensas y fulgurantes fueran, más pronto llegaría a ser una persona en plenitud. Hoy sé que no es así, que la cantidad de experiencias y su intensidad solo sirven para aturdirnos. No estamos hechos para la cantidad sino para la calidad.

La verdad es que, para emprender el camino que propone, hace falta coraje.

Hablar de resta nos echa un poco para atrás porque nos gusta tener cosas, llenar nuestra vida con viajes, lecturas, relaciones, pasiones, espectáculos, entretenimientos… Pero cuando te introduces en la práctica de la meditación, en el silencio, se te acaba la ansiedad de querer cosas. Y cuando se te acaba esa ansiedad es cuando te llegan de verdad todas las cosas, con mucha más intensidad de la que te puedas imaginar. Es nuestra ansiedad por vivir lo que impide que la vida llegue a nosotros, y por eso digo que hay que trabajar la capacidad de recibir. Tenemos un afán demasiado intervencionista sobre la realidad y eso impide que ésta pueda expresar lo que es. Pero cuanto más se familiariza uno con la realidad, sea cual sea, mejor. Sólo podemos ser dichosos cuando percibimos lo real.

¿En qué consiste su método para lograrlo?

La propuesta que hago es bastante modesta pero conecta con quienes han comprendido que pueden tener todos sus deseos satisfechos y, sin embargo, seguir teniendo sed, un anhelo de algo más, que es lo que nos define como personas. Para ellos he creado la asociación de Amigos del Desierto, una red para buscadores, para gente interesada en la experiencia del silencio. No soy modelo de nada pero, a través de ella, comparto lo que voy descubriendo interiormente.

 

“Hemos iniciado en el camino del silencio a más de 2.000 personas. TENEMOS LISTA DE ESPERA, se nos acerca mucha gente por curiosidad, pero nuestra propuesta es bastante exigente”

Con bastante éxito, por cierto, ya que tiene una amplia lista de espera.

Ya hemos iniciado en este camino del silencio a más de dos mil personas, aunque mucha gente se nos acerca por curiosidad, buscando hacer una especie de turismo espiritual. Pero lo que proponemos es exigente. El primer paso consiste en pasar un fin de semana de iniciación en el que enseñamos el método para meditar. Después, a los que quieren profundizar se les ofrecen nueve jornadas en un monasterio situado en Las Batuecas. Y, para los que quieren continuar, contamos con seminarios de silencio semanales en varias ciudades de España.

DESMINTIENDO A FLAUBERT

Aunque haya emprendido la senda del vaciamiento, lo cierto es que Pablo d’Ors fue criado en una familia de artistas y educado en un rico ambiente cultural alemán. Como cuenta en su nuevo libroEntusiasmo (Galaxia Gutenberg), su madre era filóloga y su padre, que era médico, “no sabía hablar como lo hace un padre normal con sus hijos, sino que daba conferencias, equivocando la figura del padre con la del profesor”.

En la casa familiar, aunque él no llegó a conocerle, pesaba la figura del abuelo paterno, Eugenio d’Ors, escritor, ensayista, periodista, dibujante, filósofo y crítico de arte. Como ha comentado en alguna ocasión, “le leo y admiro. Es un referente que creo que ha marcado mucho el tipo de educación que recibimos en casa. Somos siete hermanos y todos nos dedicamos, de algún modo, al mundo del arte”. Su trayectoria como novelista arrancó en el año 2000 y, desde entonces, “he dividido mi obra literaria en trilogías: la del fracaso, la de la ilusión, la del silencio y la del entusiasmo, en la que estoy inmerso en estos momentos, porque sólo he escrito la primera parte”.

¿Cómo ha pasado del silencio al entusiasmo?

La práctica continuada del silencio desemboca siempre en una actitud entusiasta. En este momento social en el que más bien prima la negatividad, lo oscuro, el mal rollo… yo propongo la luz. La vida es penumbra, hay luz y oscuridad. Te aconsejo que no te pongas de cara a la sombra, donde todo se ve oscuro, sino de cara a la luz, donde hay espacio para la esperanza. El entusiasmo es la suma de cuatro elementos que se concatenan entre sí: claridad, coraje, fecundidad y alegría.

A ver si le entiendo…

Cuando meditas, vas haciendo una especie de limpieza interior, te vas quitando estorbos y ves mejor. Con más luz adquieres capacidad para actuar, para ponerte en juego. Muchas veces no actuamos no porque seamos timoratos sino porque nos falta claridad. Y, cuando tienes el coraje de actuar, empiezan a suceder cosas a tu alrededor y eso te llena de una inmensa alegría.

Va usted a contracorriente.

En la literatura, el prestigio lo tienen la oscuridad, el mal, los problemas. Hasta el punto de que, por ejemplo, el escritor francés Gustave Flaubert decía que no se puede hacer literatura con buenos sentimientos. No estoy de acuerdo, este libro lo he escrito con buenos sentimientos.

Pablo d’Ors afirma que Entusiasmo es un libro de ficción, pero lo cierto es que se trata de una auténtica autobiografía que arranca cuando toma la decisión de ordenarse sacerdote y se pone en camino en medio de numerosas dificultades. D’Ors narra en las primeras páginas una escena sorprendente. “Era un 23 de diciembre de 1982, poco más o menos a medianoche, en mi domicilio familiar del madrileño paseo del pintor Rosales, número 52… Cuando ya había cerrado los ojos para disponerme a dormir, todo sucedió: Algo, Alguien irrumpió durante algunos minutos, delicada pero rotundamente en mi habitación. Era una presencia real y espiritual… La certeza absoluta de que era el mismísimo Dios quien me estaba visitando en mi habitación me sobrecogió como nunca antes ni después me ha sobrecogido nada… Sentí una felicidad incontenible, inenarrable, quedé paralizado… Yo era sólo un muchacho y Dios había venido a verme… Supe que me quería para sí”.

Pero, ¿quiere decir que vió a Dios?

Experimenté una presencia divina, que así la identifiqué entonces y hoy sigo convencido de ella. Nuestros esfuerzos no nos conducen a Dios, pero sin ellos tampoco llegaríamos a Él. Yo ya había cultivado este aspecto cuando me sobrevino esta experiencia, que fue como un flechazo. De pronto tienes la certeza de que eres amado.

Aunque, como también cuenta en su autobiografía, después se ha enamorado de varias mujeres.

La meditación también me ha ayudado a descubrir la hermosura de la fragilidad. Porque sólo cuando somos vulnerables nos enteramos de qué va la vida.

HAY UNA GRAN FUERZA EN LA POBREZA

¿Cómo compagina sus múltiples facetas?

Para mí lo esencial es dedicar cada jornada un tiempo a la lectura-escritura, que son las dos caras de la misma moneda, y otro de contemplación-oración, porque soy un hombre religioso. En la medida en que soy fiel a estas dos prácticas y les dedico un tiempo prolongado, todo lo demás va sucediendo.

Le gusta hablar de cultivo, cultura y culto, como actitudes esenciales.

Esas tres palabras son una pista de por dónde debería ir nuestra vida, aunque a lo mejor suenan a música celestial. Lo esencial es el cultivo, y nuestro principal campo de cultivo somos nosotros mismos. Cuando trabajamos nuestra naturaleza, ésta se hace cultura. Y, cuando eres un hombre culto, no puedes por menos que dar culto; es decir, que devolver en forma de reconocimiento y agradecimiento aquello que eres.

¿Qué personas han marcado su vida?

Tengo una tríada de personas que considero luminosas: Gandhi, Simone Veil y Carlos de Foucauld, explorador del Sáhara. Son faros que me iluminan porque supieron hacer la aventura de ser ellos mismos. Tenemos un poco la manía de querer ser mejores y no se trata de eso sino de ser uno mismo. Pero nos cuesta ser nosotros mismos, porque estamos muy uniformizados.

¿Qué le llama la atención de Gandhi?

Cuando veo a un hombre sin nada, con un taparrabos, pero con una actitud que es capaz de expulsar al imperio británico de su país, me doy cuenta de que hay una gran fuerza en la pobreza de bienes materiales. Porque estar agarrado defendiendo lo propio, autoafirmándote permanentemente nos hace perder muchísima energía. También es un faro el Papa Francisco, aunque no está bien que lo diga yo porque es mi jefe. Le conozco personalmente, y su luminosidad le nace de dentro, de su centro.

Que, por cierto, le ha nombrado uno de sus consejeros culturales.

El Vaticano está organizado en dicasterios y en cada uno de ellos participan consejeros de todo el mundo. Al que yo pertenezco está formado por gente del mundo de la cultura en sentido amplio: hay astrónomos, poetas, matemáticos… Creo que conmigo entra por primera vez la novela en el Vaticano y esto es muy importante. Porque hemos sobredimensionado el valor de la reflexión y hemos infravalorado el de la fantasía y la ficción. Pero la fantasía es una realidad tan profunda y necesaria como la reflexión. No es más verdad una fórmula matemática que un poema, ni un ensayo de filosofía que una novela.

Y, ¿qué le ha aportado en concreto?

En la última asamblea que tuvimos, acerca del papel de las mujeres en la Iglesia, llevé propuestas de mucha gente con la que me había ido entrevistando. Y las cosas están cambiando, mucho más profundamente de lo que la gente se imagina.

 

“Antes pensaba que cuantas más experiencias tuviera más pronto llegaría a ser una persona en plenitud. Pero no es así, NO ESTAMOS HECHOS PARA LA CANTIDAD SINO PARA LA CALIDAD”

LAS FRASES LAPIDARIAS DE PABLO D’ORS

Los 49 puntos de sus apenas 100 páginas han convertido a la Biografía del silencio en un auténtico best-seller, con 21 ediciones y más de 100.000 ejemplares vendidos.

  • Sufrimos porque pensamos que las cosas deberían ser de otra manera. En cuanto abandonamos esa pretensión, dejamos de sufrir.
  • La dicha no es ausencia de desdicha, sino conciencia de la misma. En cuanto arrojamos luz sobre nuestra desdicha, esta pierde buena parte de su mordiente.
  • Cuando dejas de esperar que tu pareja se ajuste al patrón o idea que te has hecho de ella, dejas de sufrir por su causa. La vida se nos va en el esfuerzo por ajustarla a nuestras ideas y apetencias.
  • Lo que realmente mata al hombre es la rutina; lo que le salva es la creatividad, es decir, la capacidad para vislumbrar y rescatar la novedad.
  • Cualquier jornada, aún la más gris, es para quien sepa vivirla, una aventura inconmensurable.
  • Normalmente vivimos dispersos, fuera de nosotros. Sin estar centrados en lo que realmente somos veo muy difícil una vida que pueda calificarse de humana y digna.
  • Nos pasamos la vida manipulando cosas y personas para que nos complazcan. Esa constante violencia, esa avidez compulsiva nos destruye.
  • Siempre que sufrimos algún embate serio en la vida, estamos llamados a renacer de nuestras cenizas.

Fuente: Telva

 

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