¿Qué es la Programación Neurolingüística?

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La Programación Neurolingüística es una metodología que nos permite conocer como procesamos la información y vivimos nuestras experiencias, enseñándonos a utilizar los recursos internos que necesitamos para generar cambios positivos. Tiene que ver con esa forma particular que tenemos las personas de crear nuestros pensamientos y nuestra experiencia subjetiva.

Se puede definir la PNL como el estudio de la estructura de la experiencia subjetiva, es decir, la forma que tenemos las personas de filtrar la información que nos llega del mundo exterior, a través de los sentidos, elaborando y organizando unos pensamientos que a su vez suscitan una respuesta a través del lenguaje (verbal-no verbal).

A la PNL no le interesa la experiencia en sí, sino la forma individual en que la vivimos cada uno de nosotros, es decir, nuestra experiencia subjetiva.

Se trata de un conjunto de técnicas o estrategias que nos pueden ayudar a pensar y actuar de forma más eficaz para lograr nuestros objetivos, así como el poder realizarnos en cualquier ámbito de nuestra vida.

Se dice que la PNL que es el arte y la ciencia de la excelencia y su aparición se debe al estudio de personas que sobresalen en diferentes campos.

Un objetivo fundamental en esta metodología es facilitar a las personas una guía que sea útil para superar las dificultades y aprender a salir de las situaciones problemáticas.

La PNL nos enseña a poner la atención en el cambio, descubriendo qué es lo que queremos y cómo lo podemos lograr. Así pues, nos ofrece una serie de estrategias que nos ayuden a lograr dicho cambio. Así mismo, nos permite integrar el nuevo aprendizaje para que podamos utilizarlo en otros momentos del futuro.

La PNL se basa en una serie de principios que nos ayudan a lograr cambios positivos y uno de ellos dice:

La realidad que nosotros percibimos no es en sí la realidad, sino más bien, una representación de ella.

Algo fundamental que debemos tener muy presente, es darnos cuenta de que la realidad no tiene forma, somos nosotros los que creamos esas formas y dependiendo de la forma que le demos, así nos sentiremos en nuestro mundo.

A través de nuestros sentidos, captamos la información del mundo exterior. Nuestros sentidos constituyen el único puente entre el mundo exterior y nuestro mundo interior, pero al mismo tiempo nos limitan e impiden ver, oír y sentir las sensaciones, olores y sabores de las cosas tal y como son.

Nuestras limitaciones neurológicas nos impiden captar la realidad en su totalidad. Solamente podemos percibir una parte de ella que nos llega limitada y distorsionada por nuestros sentidos y además, pasa por una serie de filtros que hemos ido colocando: el entorno, la educación, el lenguaje, la cultura, nuestras vivencias, las creencias y valores que hemos adquirido….Finalmente esa información es elaborada pasando por un proceso de generalización, eliminación y distorsión. Creando así una representación interna (realidad subjetiva) o mapa que difiere mucho de lo real.

Cada uno de nosotros hemos creado una realidad única y diferente, la hacemos nuestra y realizamos en ella nuestras conductas. Siendo ese mapa el que determina nuestra forma particular de interpretar los hechos y de vivir las experiencias.

Muchas personas se quejan de que solo viven para sufrir y cuando hablan de su vida no hacen más que lamentarse de todas las adversidades por las que han ido pasando. Otras en cambio, habiendo vivido situaciones similares, relatan como han podido superar las dificultades y como han ido aprendiendo de ellas. Tienen una visión muy diferente de la vida y la perciben con un gran optimismo y entusiasmo de seguir aprendiendo para alcanzar una META.

Si percibimos el mundo como un lugar hostil donde aparecen muchos problemas sin que podamos hacer nada por evitarlos, posiblemente sea eso lo que encontremos en nuestra vida. Pero si, por el contrario, empezamos a ver que existen medios para superar las dificultades y que podemos aprender a dirigir nuestra vida e ir hacia un cambio positivo, es muy probable que comience a producirse ese cambio.

Si le diéramos otra forma a nuestra realidad, mucho más congruente con nuestra forma de ser y con muchos más recursos de los que disponemos ahora, comenzaríamos a transformarla.

Empezaríamos entonces, a sentir otras emociones, a tener otras conductas y también cambiaría nuestra fisiología. Podríamos vivir en plena coherencia con nuestras creencias y valores, más identificados con lo que somos, sin necesidad de máscaras para ocultar nuestra verdadera identidad, incluso podríamos llegar a descubrir el sentido de nuestra vida y nuestra conexión con un SISTEMA MAYOR.

Entonces comenzaríamos a percibir un mundo muy diferente.

Por Pepa Kern.

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